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Así que trabajé en las ventas de carros y camiones
por 3 años y compré mi primera casa en Miami cuando tenía 19 años. Aunque
ganaba mucho dinero y pagaba muchos impuestos como empleado, el "fuego
emprendedor" había comenzado a quemarse en mi estomago de nuevo.
No me gustaba tener un jefe creído diciéndome lo que podía hacer y no
hacer con mi tiempo. Además, sabía que yo estaba enriqueciendo al dueño
del automotriz, mientras trabajaba los 7 días de la semana para mantener
mi estilo de vida que fue cada día más costoso.
El éxito empresarial puede ser como una
espada de doble filo
En el año 1986, inicié una compañía de mantenimiento de propiedades a
tiempo parcial y después de 6 meses renuncié a mi trabajo de ventas "bien
pagado" a cambio de mi libertad y el potencial de controlar mi propio
destino.
Finalmente, estaba libre para construir mi nuevo negocio y al cabo de
un año, tenía tres empleados y mi pequeña empresa estaba creciendo como espuma
de la cerveza.
En el sur de la Florida, había tanto potencial y demanda que no podía
manejar el crecimiento del negocio solo, así que fusioné mi empresa con
una compañía más grande y tomé un socio.
De pronto, nuestra compañía tenía 26 empleados y gozaba de un
crecimiento fenomenal. Pero este tipo de crecimiento no controlado puede
ser una maldición si uno no está preparado para manejarlo correctamente.
¿No sé si me comprendes?
Hay veces
en que el éxito puede ser una bendición y al mismo tiempo una
maldición. A pesar de estos desafíos, logramos
controlar el crecimiento explosivo de nuestra compañía.
De esta experiencia, aprendí que es mejor desarrollar su negocio
a un ritmo manejable y
dejar que la empresa crezca
en forma “casi” orgánica.
Después de dos años, vendí mi participación en el negocio a mi socio
para cambiar el rumbo
de mi vida. Hoy en día, la empresa sigue funcionando y mi ex-socio
es uno de mis mejores amigos.
Era hora para hacer un cambio en mi vida
Después de casarme con una auxiliar de vuelo de
Sudamérica, decidí
cambiar mi vida radicalmente, así que dejé mi patria y
me fui a vivir en Santiago
de Chile.
En Chile, una empresa japonesa, Chori Co. Ltd, me contrató como gerente
comercial internacional y de nuevo, me encontré en el mundo corporativo.
Descubrí que los japoneses eran “trabajólicos“ o sea eran
adictos al trabajo. Aunque trabajaba 12 horas al día con ellos, estaba
aprendiendo mucho en cuanto al marketing, la negociación y el comercio
internacional.
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Además, viajé extensamente y gestioné negocios
con empresas en países como la China, Corea del Sur, Japón, Malasia, Singapur,
Francia, Italia, España así como Argentina, Brasil, Perú, Colombia,
etc.
Por un par de años, gocé de la "tranquilidad relativa" de recibir un
sueldo constante y no tener que cargar la responsabilidad de una nómina de
pago grande, los gastos fijos y las cuentas por cobrar relacionados con ser
dueño de negocio. |
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Sin embargo, el "fuego empresarial empezó a quemarme en mi
estómago de nuevo". No me sentía satisfecho como "hombre de compañía"
y no me agradó tener que depender de algún ejecutivo en Tokio que tenía el
poder de decidir cuál sería mi sueldo o cuando podía tomar mis vacaciones.
Volví a reconocer que necesitaba estar en control de mis propios
ingresos y destino económico, así que lancé un pequeño negocio basado en
casa con un socio en que podía confiar, mi madre.
La demanda en el mercado chileno para los cursos de inglés era fuerte,
debido a que los chilenos necesitaban aprender buen inglés para conseguir
trabajos mejores y ganar sueldos más altos.
Es cierto, había encontrado un lago lleno de peces
(clientes) hambrientos. Sólo tuve que usar el cebo correcto, para atraer y
engancharlos.
Así pués, encontré un vacío en el mercado mal explotado y posicioné
nuestra pequeña escuela de idiomas como "La única escuela en Santiago
que ofrecía cursos de inglés americano dictados exclusivamente por
profesores norteamericanos".
Entonces lancé mi línea y cebo al agua
al colocar un anuncio
pequeño y barato en un periódico local. El mismo día que salió el aviso,
nuestro teléfono comenzó a sonar constantemente.
Nuestros alumnos chilenos vinieron al apartamento de mi madre para
tomar las clases y trajeron a sus amigos y compañeros de trabajo con ellos.
Después de poco tiempo, habíamos convertido cada sitio del apartamento en
una sala de clase.
Después de 8 meses de esta locura, decidí renunciar a mi trabajo "seguro"
con los japoneses para desarrollar nuestro negocio familiar a tiempo
completo.
Entonces, encontré y arrendé una oficina en una ubicación excelente
e inauguramos a New World "The American English Language Center".
Lanzé una campaña publicitaria estratégica diseñada especialmente
para nuestro mercado objetivo, las personas que querían hablar inglés
con la fluidez de un americano. Casi de inmediato, los teléfonos empezaron a sonar y sonar.
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Más rápido de lo que podía imaginar, teníamos 12
instructores norteamericanos en la nómina de pago y una lista
impresionante de clientes corporativos como Citibank, American
Airlines, Lan Chile, Xerox, Ernst and Young, etc. |
Estas empresas multinacionales felizmente nos pagaron US $1.000
y más
por un curso para enseñar a sus ejecutivos de habla hispana cómo hablar un
inglés americano orientado a los negocios. En un plazo de sólo 2 años,
había edificado una pequeña empresa exitosa, que me generaba ingresos de
mas que US $100.000 dólares al año.
Es cierto, estaba ganando mucho dinero ¿Pero cuanto vale el dinero
si uno no tiene el tiempo ni la energía para disfrutarlo con sus seres
amados?
Yo trabajaba de 14 a 16 horas al día. Mi esposa y mis hijos tuvieron
que visitarme en la oficina. Esa era la única manera de verme durante las
horas del despertar. Intenté contratar alguien que podría hacer mi trabajo,
pero no encontré a nadie.
Sin querer, había construido un negocio alrededor de mí que no podría
funcionar sin mi presencia personal constante y no podía entrenar a alguien para
ser yo y hacer un “clone” de mí no era una opción factible.

Mi energía y la de mi socio se estaba agotando rápidamente. Y aun peor,
mi madre tenía problemas del corazón. Entonces, un día convinimos que era
hora de vender nuestro negocio y volver a nuestra patria, los Estados
Unidos.
Pero la venta del negocio no fue algo fácil. Aunque la empresa generaba altas
ganancias, los compradores potenciales, mayormente chilenos, se dieron
cuenta que no podrían duplicar nuestro éxito.
Ellos tenían razón, habíamos posicionado el negocio como "El Centro
de Idiomas Americano" y vendíamos la ventaja de que éramos americanos
que enseñábamos nuestra lengua materna.
Nuestros clientes desearon tratar con alguien de origen norteamericano
como yo, pero no podíamos encontrar a un comprador americano, así que
terminamos vendiendo el negocio a un grupo chileno por un cuarto del valor
real del negocio.
Aunque solo recuperamos el dinero que invertimos en el negocio, estábamos felices de estar en nuestro país
nuevamente.
Además, mi madre podía conseguir la mejor atención médica posible en un
hospital americano. Eso fue en el año 1997
Hoy en día, soy
fundador y presidente de EmpresarioUSA.com una empresa dedicada al
asesoramiento y entrenamiento de empresarios y
microempresarios
de habla hispana que quieren triunfar en los
negocios
y muliplicar
sus ganancias al estilo americano por medio
de un programa que se
llama "Cómo Emprender Su
Propio Negocio con Éxito" Oprime
aquí para aprender más acerca de este exclusivo curso
para emprendedores.
Además, asesoro a empresas que quieren comercializar sus
productos o servicios al mercado hispano.
En junio del año 2000, yo también tuve cirugía de corazón abierto para
reemplazar una válvula defectuosa.
Aunque tuve que enfrentar la muerte cara a cara, esa experiencia
traumática cambió mi vida y mi forma de ser radicalmente. Me
ayudó a comprender que aspectos de mi vida eran realmente importante para
mí.
Me di cuenta que nuestro tiempo aquí en la tierra es limitado y que
todo el dinero y éxito en el mundo no puedan comprar el tiempo y las
experiencias que perdimos con nuestros hijos y
otros seres amados.
Ahora estoy trabajando para vivir y no viviendo para trabajar

Con las experiencias que tuve como dueño de negocios convencionales,
aprendí que operar un negocio
desde la casa es la mejor manera de
desarrollar una empresa
sencilla, pero rentable y
disfrutar mi vida también.
Cuando llevo mis hijos a la escuela, observo a los profesionales
ambiciosos batallando el tránsito solo para tener un cheque constante y un
puesto de prestigio.
Cada día doy gracias a dios que no tengo que vivir la misma existencia
9 a 5 que aquellos empleados toleran. En cambio, he diseñado mi negocio
de acuerdo a mis prioridades en la vida y según mi punto de vista, ser
padre es el trabajo más importante del mundo.
Tengo el tiempo para hacer ejercicio todos los días y ver a mis hijos
cuando regresan a casa después del colegio. Además los llevo a la piscina
y al cine por la tarde mientras que la otra gente está esclavizando en sus
cubículos de oficina.
No sólo tengo más tiempo libre para disfrutar a mi familia, sino que
tengo el lujo de trabajar en mis negocios e inversiones de una manera
creativa y satisfactoria.
Lo cómico es que tengo más dinero para mi uso personal que tenía cuando
operaba mis negocios convencionales aunque ellos generaron ingresos brutos
mucho más altos.
Esto es porque mis gastos fijos son muy bajos debido a que trabajo
desde mi casa. Por lo tanto, el margen de ganancia es muy alto.
También, he descubierto que no es cuánto dinero gano que es
importante, sino cuánto dinero guardo en mis cuentas de ahorros y
inversiones. Este tipo de filosofía le ayudará a cualquier persona a
manifestar un nivel de abundancia significativo a largo plazo.
Mejor que todo, cada día puedo seguir mi pasión, que es ayudar a la
gente que quiere ser empresarios exitosos a
empezar y desarrollar negocios que
mejoran, no solo la vidas de sus dueños, sino mejoran la calidad de vida
de todo mundo.
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